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Los mitos del aprendizaje
Los mitos del aprendizaje

Decía Peter Senge que "la capacidad de aprender más rápido que nuestros competidores es la única ventaja sostenible hoy en día".

No cabe duda de que en un mundo como el actual, donde la humanidad duplica su conocimiento total cada 18 meses - y el ritmo sigue acelerándose-, la capacidad para aprender dejó hace tiempo de ser únicamente una fórmula de progreso para convertirse en una cuestión de supervivencia.

Pero ¿qué es lo que sabemos actualmente sobre el aprendizaje desde una perspectiva científica y también práctica?

Podemos hacer un repaso de 4 mitos sobre el aprendizaje que nos servirán para analizar cuál es el estado del arte en relación a este tema.

 

MITO 1: Aprender es recibir conocimiento de un experto.

REALIDAD: Tal como está organizado buena parte de nuestro sistema educativo parecería que el proceso de aprendizaje consiste básicamente en volcar el jarrón del conocimiento de un profesor o experto en el vaso del cerebro del aprendiz.

En la realidad, sólo aprendemos cuando la información tiene algún sentido para nuestro cerebro.

Sea que nos lo cuente un experto o que lo leamos en un libro, en un curso elearning, o en cualquier otro sitio, sólo seremos capaces de aprender algo si nuestro cerebro lo comprende.

Y comprender algo consiste básicamente en encontrar la forma de relacionar esa nueva información con los esquemas mentales previos que ya teníamos almacenados en nuestra memoria.

No podemos adquirir nuevos conocimientos a menos que seamos capaces de asociarlos e integrarlos con el conocimiento previo que ya teníamos.

DERIVACIONES PRÁCTICAS: Si intentamos aprender algo que no entendemos bien, estaremos realizando un ejercicio sumamente ineficaz y estéril.

Necesitamos ser capaces de encontrar algo en nuestro cerebro a lo que podamos agarrar y amarrar el nuevo conocimiento, y de esta forma darle sentido. Sólo entonces se producirá el aprendizaje.

Otra derivación práctica es que cuando más sabemos, más capaces somos de aprender nuevas cosas. Una vez le preguntaron a un lingüista del MIT cómo había conseguido aprender 50 idiomas. Él respondió que no era una hazaña tan extraordinaria, pues cuantos más idiomas sabes, más fácil te resulta aprender el siguiente, ya que hay estructuras y palabras que son iguales o parecidas. Y tenía toda la razón. Las personas siempre aprendemos construyendo sobre lo previamente aprendido y experimentado.

Y una tercera derivación práctica es que si necesitamos aprender algo que en sí mismo carece de significado, por ejemplo una sucesión de símbolos numéricos,

 

MITO 2: Para aprender lo más importante es “querer aprender”.

REALIDAD: Querer aprender apenas influye en el hecho de que aprendamos o no.

De otro modo, nadie suspendería un examen. Le bastaría con ordenar a su cerebro que aprendiese determinada información.

Pero el cerebro tiene sus propias reglas.

Está programado para aprender, pero también para ignorar todo aquello que no merece la pena ser aprendido.

Y el que decide qué merece la pena ser aprendido o no, es básicamente nuestro cerebro inconsciente.

El criterio que utiliza para tomar esa decisión es la interpretación que hace de si estamos o no ante una oportunidad o ante una amenaza –que justifiquen el gasto energético que implica el aprendizaje.

Sólo cuando nuestro cerebro cree hallarse ante una oportunidad o ante una amenaza –lo cual reconoce porque experimentamos placer o dolor, emociones positivas o emociones negativas-, decidirá que merece la pena traspasar la nueva información a la memoria a largo plazo, produciéndose entonces el aprendizaje.

Si la carga emocional de la nueva información es suficientemente elevada, seremos capaces de aprender incluso con una sola repetición.

En cambio, cuanto menos nos interese – en los términos enunciados- la información que llega a nuestro cerebro, más y más repeticiones necesitaremos para que esa información pase a la memoria a largo plazo.

La verdadera clave del aprendizaje no es recibir información, sino asegurarse de conferir suficiente carga emocional a esa información para que el cerebro decida aprenderla.

DERIVACIONES PRÁCTICAS: Tanto si nuestro objetivo es aprender algo como si lo que queremos es enseñar algo alguien, lo más importante que debemos tener en cuenta es que nuestro cerebro no se tomará la molestia de guardar información de carácter neutro, que no conlleve emociones de tipo positivo o negativo. Así que lo que necesitamos es asegurarnos de conferir carga emocional a la información que queremos aprender o enseñar.

Todo aquello que nos asombre, fascine, sorprenda, incluso horrorice, será recordado por nuestro cerebro. Este truco es utilizado por todos los campeones que participan en concursos de memoria para conseguir sus proezas. Cuando tienen que recordar cualquier cosa, por ejemplo una lista de nombres interminable, imaginan la situación más grotesca, asquerosa, ridícula, terrorífica o llamativa posible, combinando estas palabras. Es decir, intentan conferir carga emocional a esas palabras porque saben que sólo de esta forma el cerebro se tomará la molestia de gastarse la energía necesaria para almacenarlo en la memoria a largo plazo. 

 

MITO 3: Para aprender hay que repetir los conceptos muchas veces.

REALIDAD: Aunque la repetición es probablemente la menos simpática de las técnicas de aprendizaje, casi siempre suele ser necesaria para que éste se produzca.

Las personas tendemos a olvidar rápidamente la mayor parte de los nuevos aprendizajes, así que solemos necesitar el concurso de la repetición para fijar la nueva información en la memoria a largo plazo y así poder recordarla más adelante.

Sin embargo, no se trata simplemente de repetir un concepto muchas veces. Se requiere repetir con inteligencia.

El truco de la repetición eficaz consiste en realizar varias repeticiones al principio para consolidar el nuevo aprendizaje, y luego periódicos repasos, cada vez más espaciados en el tiempo.

DERIVACIONES PRÁCTICAS: Si queremos recordar una información que acabamos de leer o escuchar, además de entender los conceptos y tratar de conferirles carga emocional, debemos tratar de repetir esos conceptos de forma inmediata para asegurarnos que los hemos fijado en la memoria.

Si observamos que hay lagunas en lo que recordamos, repasemos los puntos oscuros y volvamos a repetirlo, de nuevo inmediatamente. Y otra vez más, hasta estar seguros de que podemos recordar todo de forma fluida.

A partir de ese momento, nos bastará con hacer repasos más espaciados, por ejemplo una vez al día siguiente, luego a la semana, quizás al cabo de un mes, etc.

 

MITO 4: La letra con sangre entra. Las amenazas, golpes y castigos pueden ser un método drástico, pero funciona. A base de dolor y sufrimiento, la gente acaba aprendiendo.

REALIDAD: Las emociones negativas pueden propiciar aprendizajes muy simples de evitación, como "no tocar la plancha ardiendo" o "no quedarse dormido en clase".

Al mismo tiempo, estas emociones entorpecen el funcionamiento del hipocampo y otras áreas cerebrales que intervienen en el procesamiento cognitivo, dificultando la capacidad para aprender conceptos complejos o para desarrollar soluciones nuevas y creativas.

Desde un punto de vista neurológico, el estrés y las emociones negativas tienden a volvernos literalmente más lerdos, atenuando nuestra inteligencia y capacidad de aprendizaje.

DERIVACIONES PRÁCTICAS: Tanto si pretendemos aprender algo como si lo que queremos es enseñar algo, seremos mucho más efectivos en lograrlo si propiciamos emociones positivas que si dejamos que el estrés y las emociones negativas tomen el mando.

No ayudaremos a un alumno a mejorar sus resultados si lo agarramos por los hombros y le decimos a gritos “aprende de una vez”.

Ni nos ayudaremos a nosotros mismos si pretendemos aprender desde una actitud de desagrado, de enfado, miedo o estrés.

En la película Matilda, la malvada directora del colegio había colgado un cartel en clase que decía “Si estás divirtiéndote, es que no estás aprendiendo”.

Lo que la ciencia moderna ha venido a demostrar es que justamente al contrario, si no te estás divirtiendo, es poco probable que estés aprendiendo.


Samer Soufi

Director de Inmark Recursos Humanos