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GAMIFICACIÓN: La Revolución que lo cambiará todo
GAMIFICACIÓN: LA REVOLUCIÓN QUE LO CAMBIARÁ TODO

Cada semana los habitantes del planeta Tierra pasamos más de 3000 millones de horas jugando a videojuegos.

Más de 500 millones de personas en el mundo invierten al menos una hora al día jugando a videojuegos. Su edad media es de 35 años y casi la mitad de ellos son mujeres.

Más de 5 millones de personas juegan 40 o más horas semanales, el equivalente a un trabajo a tiempo completo.

Hacia los 21 años, una persona media habrá pasado más de 10 mil horas jugando video juegos, el equivalente a todo el tiempo que dedicamos a la educación pre-universitaria.

Y un último dato, cada año los jugadores en todo el mundo gastan más de 10 mil millones de euros comprando bienes virtuales que sólo existen en los video-juegos, como indumentaria para sus avatares o naves que disparan rayos cósmicos.

No cabe duda de que los videojuegos tienen el poder de motivar, involucrar y enganchar a las personas más que ninguna otra cosa que hayamos conocido en el pasado.

 

¿Podemos comprender y aislar estas características únicas de los juegos para aplicarlas en contextos de no juego, por ejemplo para el aprendizaje, para la motivación o en general para la gestión de los recursos humanos?

De esto trata la gamificación.

Ahora dejadme que comience con una pregunta, ¿por qué creéis que juegan las personas? ¿Qué hace que quieran jugar y continuar jugando?

¡Evidentemente! Jugamos porque los juegos son divertidos.

Pero, ¿por qué son divertidos los juegos?

¿Por qué la gente paga por jugar y en cambio tenemos que pagarles para que trabajen, y aun haciéndolo, raramente conseguimos el nivel de entrega y entusiasmo que las personas aplican al juego?

¿Es tal vez porque los video-juegos no requieren el esfuerzo que exigen las tareas laborales?

En realidad, los buenos juegos consiguen que los jugadores se involucren mentalmente en el juego de un modo muy profundo.

Que realicen un gran esfuerzo intelectual y de concentración, tratando de llegar lo más lejos posible en el juego, explorando nuevas variaciones, intentándolo una y otra vez.

¿Encontramos entonces los juegos divertidos porque sus temáticas son lúdicas y recreativas, mientras que en las empresas nos ocupamos de asuntos menos festivos?

 

Veamos el caso de Farmville, el famoso juego que permite gestionar una granja virtual: plantar y cosechar cultivos y criar animales domésticos.

Esta aplicación cuenta actualmente con más de 80 millones de jugadores, la mayoría de los cuales juegan diariamente a este juego.

¿Gestionar una granja es divertido?

¿Plantar cebollas y patatas es apasionante?

¿Criar cerdos y vacas es emocionante?

Para la mayoría de las personas, ¡claro que no!

 

Entonces ¿Cómo decide nuestro cerebro que los videojuegos, o cualquier otra cosa, son divertidos?

En términos neurológicos, lo que llamamos ?diversión? significa básicamente descargas de dopamina en las zonas de gratificación de nuestro cerebro.

Los buenos juegos son capaces de gratificar a nuestro cerebro de diferentes formas. Por eso nuestro cerebro percibe que son divertidos. Y el resultado es que quedamos ?enganchados? a ellos. Ese es todo el secreto de los juegos.

Los diseñadores de juegos han sido mucho más exitosos que la mayoría de las organizaciones empresariales a la hora de comprender, aunque sea de forma pragmática, el funcionamiento del cerebro humano, y de diseñar procesos y entornos que tienen en cuenta este funcionamiento para generar gratificación cerebral en el circuito de la dopamina.

Al hacerlo, consiguen motivar, involucrar, comprometer y enganchar a los jugadores.

Por supuesto la mayoría de los diseñadores de juegos no son expertos en neurociencia.

Posiblemente muchos de ellos ni siquiera sean capaces de verbalizar los principios psicológicos que están aplicando para conseguir un diseño exitoso de los juegos que enganche y motive a la gente.

Pero lo cierto es que han tenido que aprender cómo promover la motivación y el interés de los participantes para que continúen jugando.

Han tenido que hacerlo a la fuerza, porque a menos que sus juegos sean capaces de motivar y enganchar a los jugadores, no venderán.

Además, han tenido la ventaja de que en los juegos se pueden registrar y medir cada uno de los millones de acciones que realizan los jugadores, obteniendo así una comprensión muy precisa de lo que mueve a las personas a actuar, a aplicar su esfuerzo, a perseverar, a involucrarse o a comprometerse con las tareas que realizan.

A través de este aprendizaje, los diseñadores de videojuegos han logrado construir entornos de juego que resultan casi irresistibles para la mayoría de las personas.

Entornos casi adictivos que les enganchan, les comprometen y consiguen que apliquen sus mejores talentos, esfuerzos y capacidades para tratar de ganar en el juego.

Los diseñadores de juegos no han inventado nada que la ciencia de la conducta humana no conociese ya con anterioridad.

Pero su éxito nos ha hecho caer en la cuenta de que, a través de la gamificación, también podemos diseñar entornos y procesos de trabajo más compatibles con la forma como funciona nuestro cerebro.

 

Estas son las 7 lecciones fundamentales que podemos extraer de los juegos para trasladarlos a las organizaciones y realizar un adecuado diseño de gamificación:

  1. Crea entornos laborales donde las personas reciban de forma regular descargas de dopamina en sus zonas de gratificación cerebral. Establece una ruta de progreso hacia una meta y asegúrate de proveer numerosas oportunidades de experimentar recompensas extrínsecas e intrínsecas a medida que las personas avanzan y superan las diferentes etapas de la ruta.
  2. Ofrece retroalimentación, en forma de puntos, premios y otras recompensas, para incentivar las conductas que quieras estimular. Pero asegúrate de que esa retroalimentación sea clara, visible y sobre todo, INMEDIATA.
  3. Introduce un cierto componente de incertidumbre en el entorno de trabajo. Que las tareas no sean demasiado rutinarias y repetitivas. Que las recompensas no sean completamente previsibles. Ofrece premios inesperados. Explota el deseo natural de exploración y búsqueda de novedades.
  4. Utiliza las emociones. Las emociones son el software motivacional de la mente. Las personas no se casan y divorcian, no deciden donar un órgano, ni sacrifican sus vidas por una causa noble después de hacer un detallado análisis de las ventajas y desventajas de sus acciones. Son las emociones las que nos empujan a la acción. Así que confiere carga emocional a las tareas. Estimula la curiosidad. Incita el deseo de adquirir estatus, prestigio y reconocimiento. Promueve la colaboración, el altruismo y la camaradería. Espolea la competición, que permite compararse con los otros y fomenta el rendimiento. Reviste las tareas de términos que agiten los espíritus, como equipos, solidaridad, lealtad, victoria, justicia u honor.
  5. Fomenta el contacto social entre las personas. La mayoría de las personas busca establecer contacto, realizar intercambios. Las personas obtenemos placer cuando conectamos socialmente entre nosotros.
  6. Estimula el deseo y la sensación de mejora y superación a medida que las personas alcanzan nuevos niveles de logro. Puedes utilizar elementos tales como barras de progreso, niveles o medallas que representen estatus de avance. La sensación de estar realizando progresos hacia una determinada meta, genera refuerzos en su sistema de recompensa cerebral, haciendo que los circuitos neuronales que sustentan los nuevos aprendizajes sean más fuertes y duraderos. Y
  7. Asegúrate de que existe sintonía entre los que retos que afrontan las personas y sus capacidades. Que las tareas no sean tan fáciles que generen aburrimiento ni tan difíciles que provoquen estrés y frustración. Asegúrate de que las personas se encuentren en todo momento al borde de su competencia, en el límite entre el éxito y el fracaso, empujándoles siempre hacia adelante, hacia las tareas siguientes, hacia arriba en el siguiente nivel.

Estos son los 7 principios psicológicos fundamentales que subyacen detrás del éxito de cualquier diseño exitoso de gamificación.

 

Para aplicarlos adecuadamente, necesitamos comenzar determinando los objetivos del proceso.

  • ¿Queremos aplicar la gamificación para optimizar los procesos de aprendizaje?
  • ¿Queremos aplicarlo para la identificación del talento? ¿O para promover su desarrollo?
  • ¿Queremos promover la gestión y compartición del conocimiento?
  • ¿Gamificaremos para potenciar la capacidad de innovación y generación de ideas?
  • ¿Para mejorar la cultura organizativa?

Definamos qué vamos a gamificar y qué queremos conseguir con ello.

Delimitemos los comportamientos de las personas sobre los cuales queremos influir y establezcamos las métricas que permitirán su medición.

Seleccionemos la tecnología y las herramientas que necesitamos utilizar para llevar a cabo el proceso de gamificación.

Cuando hayamos hecho todo esto, estaremos en disposición de realizar el diseño de gamificación, estableciendo las mecánicas, dinámicas y componentes del proceso. Generando un prototipo, haciendo pruebas y realizando los ajustes y equilibrios necesarios.

Si hemos sido capaces de realizar un adecuado diseño de gamificación, estaremos ahora en disposición de lanzar este proceso para generar engagement, motivación y compromiso.

La gamificación nos ayuda a diseñar entornos y procesos de trabajo más compatibles con la forma como realmente funciona nuestro cerebro.

Al hacerlo, conseguimos que:

  • el trabajo sea más divertido.
  • multiplicar la productividad de las personas.
  • estimulen su capacidad creativa y de innovación.
  • apliquen sus mejores talentos y capacidades al servicio del éxito de nuestra organización.

La gamificación cambiará, ya lo está haciendo, el ADN de los recursos humanos.


Samer Soufi

Director de Inmark Recursos Humanos